El caso es que vi muchas veces mujeres vendiendo en bolsas de plástico transparentes y alargadas trozos de cosas que parecían ser tizas, unas de color crema y otras amarillas, y titos rojos también con apariencia polvorienta. Ésos son los ingredientes de los “sumos” tradicionales en este país. Son semillas de diferentes árboles (baobab, acacia, tamarindo negro…), unas más grandes y otras más pequeñas, que tienen en común el hecho de ser harinosas.
El procedimiento de elaboración es bien distinto al que conocemos: las semillas se ponen en remojo (como soy blanca frágil en agua de botella) con diferente cantidad de agua según el fruto y se dejan reposar por espacio de quince minutos, más o menos; luego con las manos se frotan dichas semillas hasta que la capa polvorienta que las recubre se disuelve en el agua y le da cuerpo y sabor (color también: avainillado, blancuzco, bermellón…), ha de quedar siempre espesito. Se deja enfriar y se toma solo o con azúcar, miel u otras frutas (frutas, ahora sí). El proceso es similar al de la obtención del zumo de maracuyá o fruta de la pasión. Primera vez en mi vida que consigo semejantes bebidas disolviendo y no exprimiendo.Quedan por probar más, algunos procedentes de hojas. De momento hay que habituarse a los que ya sé hacer, sobre todo porque la fruta no se estropea (son semillas secas) y es más económico. Y, porque si aquí lo toman, por algo será. Donde fueres…
Próximo experimento: las malaguetas. Picantitasss