martes, 24 de enero de 2012

Mujeres

Aún no he hablado nada sobre la gente del país, y voy a comenzar a hacerlo reflexionando sobre sus mujeres, tal vez porque yo también lo soy. Un viernes de octubre fuimos al Ministerio de Inmigração para tramitar mi carta de residencia, cosa que conseguí, por cierto, en una o dos horas. Ahora soy residente con tarjeta digitalizada, ahí es nada!

 El caso es que una de las mujeres que trabajaba en el documento electrónico era verdaderamente hermosa. Estaba ataviada con una muy elegante ropa tradicional e iba levemente maquillada. En medio de la sala se la veía grande, majestuosa, consciente de su belleza. Al habla, su voz, suave y ronca, era casi imposible de comprender. Alguna de las personas de esta zona de África se caracterizan por tener una voz profunda y susurrante, casi gruesa, y eso les confiere un atractivo muy especial.

En la puerta del ministerio, una mujer, erguida sobre unos tacones negros, la cabeza elevada, se inclinaba apenas sobre una caja-nevera para elegir una botella fría de zumo de cabeçera que, alzada con aparente desidia, compartió con su hijo. Otra mujer, bastante más joven, universitaria al parecer, caminaba hacia su casa y, con la elegancia de quien no ve nada malo en hacerlo, se quitaba el sudor de la cara cuidadosamente con un pañuelo, intentando no estropear su aspecto.



Las mujeres de Bissau parecen recoger las mejores virtudes de sus etnias. Cuando las ves pasear por la calle, caminan pausadas, con la espalda recta y la cabeza elegantemente alzada sobre ella, mirando con altivez a su alrededor. Un amigo dice que son dignas, y es verdad. No es tanta su belleza física como la belleza que destilan su voz, sus gestos o sus movimientos. Rara vez gritan por la calle, rara vez corren y transmiten esa belleza pausada a sus tareas: portar bultos en la cabeza, vender comida, acarrear sus hijos a la espalda… Cuando voy al mercado me urgen: amiga, amiga, y se levantan precipitadamente de sus puestos con la mano hacia arriba, pero sin perder tampoco su dignidad.
Visten siempre con cuidado, limpias, sin descuidar ningún detalle. Es frecuente verlas recién salidas de la peluquería o, en muchos casos, con pelucas, dado que su pelo es difícil de dominar y eligen cortas melenas de cabello negro o rojizo, a veces largas cabelleras rubias, para ataviarse. Les gusta usar collares y pendientes, pulseras y todo tipo de adornos. No consentirían en ir desarregladas o hacer el ridículo, ni siquiera para ir al mercado.
Verdaderamente es hermoso verlas. Si uno se fija un rato, puede apreciar la cadencia de sus gestos, el divagar de sus movimientos. Me gusta observarlas por la calle, incluso en los bares y zonas de reunión. Coquetas y altivas, dejan que el mundo se les acerque y miran la vida desde la altura que da sentirse orgullosas de sí mismas. Desde la dignidad que confieren, con su actitud limpia y orgullosa, a su raza.

jueves, 12 de enero de 2012

Del silencio y otras divagaciones

Bissau está desierta estas noches. Si por cuestiones diversas hemos de salir a la calle después de caer el sol, quase ninguém puebla las antes nutridas vías de la capital. No hay luces, ni velas en las comidas, no hay música ni nómadas de la rúa. El panorama es silencioso y triste. Así se van cumpliendo los días de luto por la muerte de Malam Bacai. Aunque es normal, estoy deseando que pasen para ver de nuevo a la gente pulular al atardecer. El pulso de la vida de Bissau se toma en la alegría de sus noches, en su, ya lo dije más de una vez, el eterno ir y venir de sus ciudadanos. Ahora, sólo unas pocas personas se aventuran a moverse después del ocaso. Y no creo que sea sólo por miedo, es, sobre todo, por respeto.

Así que volvimos a una Bissau distinta, silenciosa y respetuosa. En cambio, en casa todo sigue igual. El ritmo de los días se reproduce de forma constante. Los sonidos que conforman la música cotidiana hacen la vida regular: el jardinero podando los ficus benjamina y las buganvillas, regando las plantas; Sidi barriendo los solados del jardín, las radios a pilas con su música algo metálica y muy étnica, Será en casa limpiando, la televisión internacional dando las noticias, un móvil que, de vez en cuando, suena… A veces, alguno de los hombres silba y canturrea una canción.

 
Éste es el nido. Las aves no se dejan fotografiar
A ellos se unen otros sonidos también agradables: los niños-vecinos con sus discusiones, los camiones que pasan, las interminables y desconocidas aves que canturrean alrededor de la casa… A algunas las conocemos. Tenemos la inmensa suerte de considerar nuestras vecinas a dos familias de golondrinas. O algún pájaro similar. Una vive en la puerta de la cocina y otra en el tejado del anexo. Lo primero que vemos al salir a la calle es a una de esas aves abandonando el nido. No se van de casa, porque ya nos conocen, y nuestras perras no las persiguen.

Así, entre el silencio reverente del luto y la música cotidiana de personas y animales, van pasando los primeros días de nuestro regreso a África

martes, 10 de enero de 2012

Malam Bacai Sanha

El lunes por la mañana murió en Francia el Presidente de Guinea-Bissau, Malam Bacai Sanha. Ha sido una triste noticia para todos los habitantes de este país. Los guineenses apreciaban su carisma y tono conciliador, y sobre todo el respeto que tanto políticos como militares le tenían. Habían puesto en él la esperanza de un futuro estable y prometedor.

Pasados los siete días de luto decretados, el estado democrático deberá convocar elecciones presidenciales libres. Durante ese tiempo, el presidente en funciones dirigirá el país hacia los comicios.

Es un gran momento, un momento histórico. Si se logran unas elecciones pacíficas y el país sobrevive al tremendo golpe de la muerte de su presidente, todos los habitantes de esta república harán honor a su memoria y demostrarán que están verdaderamente comprometidos con la democracia. Eso es lo que todos esperamos. Una transición pacífica que honre la lucha de Malam Bacai por el desarrollo, la justicia y la libertad.

lunes, 9 de enero de 2012

La vuelta a la “luta”

Ya hemos vuelto a casa. Vuelta a la lucha, que diría mi marido. Vuelta al trabajo, a los quehaceres diarios, a acostumbrarse al país. Es una lucha constante, como todas aquellas cuya finalidad es seguir viviendo, aquí o en cualquier lugar. Bissau, por su parte, nos recibe luminosa y agradable, con una temperatura suave que facilita la adaptación. Venimos del frío y la niebla, y llegamos a este “invierno” ecuatorial de brisas cálidas que mueve las luces supervivientes de la resaca navideña. Las maletas llegaron bien, las perritas estaban bien y todo el mundo saluda sonriente a los que retornan.

lunes, 2 de enero de 2012

Complicaciones

Como ha dicho la prensa, en Bissau corren días complicados, y eso nos preocupa. Hemos hablado con amigos y conocidos (tanto extranjeros como nacionales) para saber si estaban bien, si se sentían tranquilos, y al parecer hay una calma relativa en el país. No me corresponde opinar sobre los movimientos políticos o militares de la zona, porque no tengo derecho a hablar de algo que no entiendo del todo. Pero me preocupa que los occidentales puedan hartarse de movimientos extraños y la ausencia de estabilidad, aunque sólo sea aparente, ahuyente a los pocos empresarios que buscan una oportunidad allí. Oportunidad que también beneficiaría al desarrollo de un país tan abandonado.

Así que mi deseo para el año nuevo es que Guinea-Bissau se mantenga estable, tranquila y afable, como es, para que pueda darse el ansiado desarrollo económico y social. Porque ahora es también mi casa, y quiero lo mejor para el que es nuestro país de acogida.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidades diferentes

 
Hoy, día 26 de diciembre, iniciaba el padre Jorge, misionero brasileño, un viaje que lo llevará a pasar parte de las Navidades en un lugar bien diferente al mío. El padre dirige el CIFAP de la localidad de Bula, un centro de formación profesional en el que, entre otros oficios, se aprende carpintería, y así lo conocí: yo necesitaba una estantería y él tiene alumnos y necesidad de realizar trabajos para lograr que el centro sea autosuficiente.

A veces el padre Jorge se desespera, porque ve poca demanda de trabajo y falta de organización en las familias: lo poco que ganan los alumnos se acaba rápido, ya que muchas personas dependen de una sola. En Guinea-Bissau se mantiene la familia extensa, el que tiene comparte con los familiares que no tienen, y por familiares se entiende padres, hermanos, tíos, primos, sobrinos, vecinos... Eso dificulta la subsistencia con un pequeño sueldo. La parte buena es que si necesitan que cuiden de sus hijos, o levantar una casa de adobe, toda la familia ayuda.
 
Una de las casas de Sierra Leona

(foto:
http://www.aiutareibambini.it/)
En fin, el padre Jorge dejará su familiar Bula hoy para iniciar un viaje que lo llevará a pasar media Navidad en Sierra Leona. No está contento, más bien triste. Va a visitar los centros de formación y poblados de acogida para niños soldado. Me contó que la realidad de estos jóvenes ex-combatientes es muy dura, que les cuesta mantener la atención, organizar el cerebro, estar tranquilos. Que a él lo inquieta y le deja desolación en el cuerpo y el alma. Esperaba que, esta vez, la sensación fuera más positiva, más alegre. Comparada con su pacífica familia de Bula, Sierra Leona le genera inquietud, y viendo ese país piensa que no es justo quejarse de lo que tiene. Espero que este año el viaje le resulte agradable, y que cuando nos veamos, allá por el 10 de enero, pueda hablarme de esperanza y recuperación. Ese es un buen regalo de Navidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Distancia (y añoranza)

Aterricé en España el lunes 12 y ya echo de menos Bissau. Allí han quedado mi marido y las perritas, a las que no veré hasta dentro de casi un mes. Añoraba el frío castellano, del que estoy recibiendo mi parte, y ahora extraño el calor de allí. Para vengarse de mi huída del país, me picaron mil bichos los pies, y me dejaron acribillada. Creo que se apostaron en el aeropuerto y hasta que no me dejaron un recuerdo duradero no pararon.

Durante los últimos días, disfruté viendo en las calles luces de colores, festejando la tan próxima Navidad; sentí nostalgia de la tierra y me pareció magnífico venir a preparar la casa para estas fiestas. Pero ahora, tan lejos de mis otros tres cuartos, la ostentación lumínica de España me parece excesiva, y la discreta sorpresa de las escasas luces guineenses, privadas y alimentadas con gasoil, tiene un toque de intimidad sorprendente. Polvo rojo y luces navideñas a más de treinta grados para recordar nieblas blancas y luces brillantes. Y sin grados, porque en Madrid creo que se han olvidado de encender la calefacción.

Así que nunca está una conforme del todo. Lo cierto es que la distancia, esta vez, me ha venido bien. Tendré tiempo para reflexionar y para adquirir perspectiva sobre mi vida allí, reformar ideas y adoptar nuevas posiciones ante los retos que la vida africana me depara. Porque el cambio es tanto que a veces parece que no podré digerirlo, y sin embargo ahora, desde la distancia, siento añoranza, y pienso que ésa es una buena señal: en la balanza, al menos, pesan lo mismo lo bueno y lo complicado. Claro que tener allí a los seres queridos ayuda a inclinarla.