jueves, 13 de octubre de 2011

Comodidad (y 1)

Iba titular la entrada como “confort”, pero prefiero elegir una palabra española para hablar de las comodidades, o la ausencia de comodidades, que hay en Bissau. Ayer mi marido leía mi blog y me decía que se notaba que (yo) había llegado con las comodidades logradas: en la casa hay agua y, habitualmente, luz. Era casi una acusación.
Cierto que no he vivido la ausencia de esas comodidades, aunque llevo más de una semana haciendo comida con un cueceleches de un litro, una sartén pequeñita y una plancha redonda. Ayer conseguí sal gorda y eso ha sido todo un cambio. Con semejante batería de cocina y compartiendo el único plato que hay (eso sí, tenedores hay tres), he hecho unos socorridos espaguetis (al ajillo, aún no había ni salsa de tomate), tortilla de patatas, pollo guisado con cerveza, camaroes al ajillo, pechuga a la plancha, caldo de pollo y sopa de fideos (partiendo los espaguetis, claro), además de unas verduritas rehogadas. Probablemente habría preferido una hoguera de las del país e instrumentos más grandes, aunque fueran más rudimentarios. Hoy tocan calamares encebollados con salsa de tomate (ya tengo, ¡yupi!).
Ciertamente no viví la época de carestía de luz, cuando él estaba en este aún caserón vacío sin agua, ni luz, ni Internet para conectarse con el mundo. Creo que eso es muy duro, de verdad que sí.  Pero que no me diga que tengo todas las comodidades. No, al menos, hasta que llegue la lavadora.
Ésta es, todavía, mi cocina

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