Me explico. La mayoría de los mayores de cuarenta años
vieron una capital con calles asfaltadas, canalización de aguas limpias y
sucias, luz eléctrica, paseos marítimos, hoteles de lujo, fábricas de coches…
vale, escuelas pocas, pero de lo demás había bastante. Digo en la capital, no
en el resto del país. Con los años, la Independencia, la Guerra Civil y los
golpes de Estado, la ciudad se ha vuelto una población fantasma, de casas a
medio hacer, calles con boquetes o directamente sin nada, convertidas en
inmensos barrizales impracticables, con poca luz, con un agua pública de baja
calidad, sin industrias destacables, con un puerto miserable en el que sólo
trabaja una grúa… lo único que se mantiene es que, a pesar de que ahora hay
escuelas, casi siempre están en huelga, así que el analfabetismo continúa.
Fueron renunciando poco a poco, imperceptiblemente. Hoy a
esto, mañana a aquello. Los hospitales se convirtieron en ruinas, las empresas
huyeron, la tabanca lo invadió todo… Ellos viven así. A pesar de todo, es un
país hermoso; no creáis que no me gusta o lo desprecio, todo lo contrario. Pero
quien tiene dinero y oportunidad, se marcha a buscar su suerte fuera. Por
ejemplo, la mayor parte de los licenciados en medicina (la facultad depende en
gran parte de Cuba y tiene buena fama) trabajan en Europa. Quien tiene dinero
manda a sus hijos a estudiar fuera. Quien estudia fuera y puede, no vuelve. Así
se van yendo los mejores, los que podían dar un giro a este país y hacer de él
un lugar mejor. Sálvese quien pueda.
En España el camino no es diferente. El aparente poco
interés y el abuso de nuestros gobernantes, la falta de inversión real en el
país, la ausencia de control sobre subvenciones y ayudas por intereses
desconocidos, ha llevado a la nación a una situación caótica. Los españoles van
renunciando también poco a poco: menos horas de luz (los impuestos son muy
altos), menos sueldos (hay mucho paro, no vamos a quejarnos), menos
prestaciones sanitarias (co-pago, que no hay dinero), peor educación (masificación,
falta de ayudas, descontrol de las reformas)… ha sido un trabajo silencioso,
pero podríamos decir que desde que se consolidó el triunfo de la transición
hemos ido lentamente renunciando a todo lo que la primera revolución
democrática y la Europa del bienestar nos ofrecían.
Esa es la verdad. Sálvese quien pueda. Todo lo demás, lo que
dicen unos y otros, no tiene importancia ante estos hechos. Hace dos décadas,
los jóvenes de provincias emigraban a las capitales, Madrid, Barcelona, hacia
el progreso. Hoy, si preguntásemos, casi todos abandonarían su patria si
tuvieran la oportunidad. Ahora España vuelve sus ojos a los países del norte:
altísimos impuestos, buenos sueldos, eficaces prestaciones sociales y calidad
de vida. Desengañaos. Gratis no se da nada. Y si tiene que pagarlo el Estado,
es con nuestros impuestos. O así o nos lo sacan de las entrañas. A ver quién le
pone el cascabel al gato.
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