martes, 9 de octubre de 2012

La crisis y la emigración

A pesar de que muchos disientan, desde que estoy en Bissau cada vez veo más similitudes entre la sociedad española y la guineense. Lo digo en serio. En este país africano, en crisis perpetua por los abusos de sus gobernantes, la falta de inversión real en el país y el abandono internacional por diferentes intereses, la sociedad ha ido degenerando lenta y paulatinamente practicando una renuncia silenciosa que llaman adaptación.

Me explico. La mayoría de los mayores de cuarenta años vieron una capital con calles asfaltadas, canalización de aguas limpias y sucias, luz eléctrica, paseos marítimos, hoteles de lujo, fábricas de coches… vale, escuelas pocas, pero de lo demás había bastante. Digo en la capital, no en el resto del país. Con los años, la Independencia, la Guerra Civil y los golpes de Estado, la ciudad se ha vuelto una población fantasma, de casas a medio hacer, calles con boquetes o directamente sin nada, convertidas en inmensos barrizales impracticables, con poca luz, con un agua pública de baja calidad, sin industrias destacables, con un puerto miserable en el que sólo trabaja una grúa… lo único que se mantiene es que, a pesar de que ahora hay escuelas, casi siempre están en huelga, así que el analfabetismo continúa.

Fueron renunciando poco a poco, imperceptiblemente. Hoy a esto, mañana a aquello. Los hospitales se convirtieron en ruinas, las empresas huyeron, la tabanca lo invadió todo… Ellos viven así. A pesar de todo, es un país hermoso; no creáis que no me gusta o lo desprecio, todo lo contrario. Pero quien tiene dinero y oportunidad, se marcha a buscar su suerte fuera. Por ejemplo, la mayor parte de los licenciados en medicina (la facultad depende en gran parte de Cuba y tiene buena fama) trabajan en Europa. Quien tiene dinero manda a sus hijos a estudiar fuera. Quien estudia fuera y puede, no vuelve. Así se van yendo los mejores, los que podían dar un giro a este país y hacer de él un lugar mejor. Sálvese quien pueda.

En España el camino no es diferente. El aparente poco interés y el abuso de nuestros gobernantes, la falta de inversión real en el país, la ausencia de control sobre subvenciones y ayudas por intereses desconocidos, ha llevado a la nación a una situación caótica. Los españoles van renunciando también poco a poco: menos horas de luz (los impuestos son muy altos), menos sueldos (hay mucho paro, no vamos a quejarnos), menos prestaciones sanitarias (co-pago, que no hay dinero), peor educación (masificación, falta de ayudas, descontrol de las reformas)… ha sido un trabajo silencioso, pero podríamos decir que desde que se consolidó el triunfo de la transición hemos ido lentamente renunciando a todo lo que la primera revolución democrática y la Europa del bienestar nos ofrecían.
 
Como en Bissau, todo el que puede se marcha. Empezando por el personal sanitario (médicos, enfermeros, fisioterapeutas…) que hace tiempo que emigra a lugares donde está más considerado y mejor pagado, hasta ingenieros, profesores, personal técnico cualificado… cualquier profesional de pro que pueda se larga con la música a otra parte. Por no hablar de los artistas e intelectuales, claro. Una generación de licenciados bien formados abandonará su tierra en busca de un mañana mejor, y dejará España vacía de futuro.

Esa es la verdad. Sálvese quien pueda. Todo lo demás, lo que dicen unos y otros, no tiene importancia ante estos hechos. Hace dos décadas, los jóvenes de provincias emigraban a las capitales, Madrid, Barcelona, hacia el progreso. Hoy, si preguntásemos, casi todos abandonarían su patria si tuvieran la oportunidad. Ahora España vuelve sus ojos a los países del norte: altísimos impuestos, buenos sueldos, eficaces prestaciones sociales y calidad de vida. Desengañaos. Gratis no se da nada. Y si tiene que pagarlo el Estado, es con nuestros impuestos. O así o nos lo sacan de las entrañas. A ver quién le pone el cascabel al gato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario