viernes, 22 de agosto de 2014

Carambola y mandiple



Carambola

Esta época es la época de las frutas con mucha vitamina C; frutas que ayudan a prevenir y curar enfermedades como la malaria o las gripes tan frecuentes con esta humedad. Personalmente esa parte de la estación me encanta; es el momento del fole, tan ácido; de la Jaka o Jakfruit de sabor aplatanado y con esas semillas que asadas pueden recordar a las castañas, del maracuyá, del mandiple (su nombre científico es spondias mombin)... está empezando la de la pinha o guanábana, la de la guayaba, ... El otro día encontré en el mercado una fruta exótica que había visto alguna vez en fruterías especializadas; no conseguí comprender bien su nombre en criollo, pero la traducción es fácil: carambola.

Mandiple, imagen tomada de internet
Como podéis imaginar proceso para obtener el zumo es el mismo de todos los demás: amasar o triturar con agua y añadir azúcar. Está deliciosa, y en crudo tiene un sabor sorprendente, además de quedar muy bonita para adornar postres o como base de canapés dulces o salados. El resultado es más que agradable, lo cual va a resultar un problema cuando vuelva a España: allí seguro que vale una barbaridad. A otros frutos sé que debo renunciar: no creo que pueda plantar una árbol de jaka en casa y parece un poco absurdo poner una trepadora de fole en el el jardín. No superarían ninguna el primer invierno y su tamaño nos echaría a todos del hogar. Descartado poder comprarlas importadas: muchas son de vida corta y se pudren rápidamente.

Al menos no me quedaré con ganas del mandiple: mucha semilla, poca carne y una piel dura. Al final conseguí probarlo el día antes de marcharme. Es difícil hacer el zumo porque hay muy poca carne, y para mi gusto es demasiado ácido para comerlo como lo hacen aquí, chupándolo y tirando la piel y la semilla. En fin, me quedará el consuelo de haberlas comido y el deseo de volver a tomarlas. A ver si se logra.

Lo curioso de todas ellas es las muchas propiedades medicinales que se les atribuyen, tanto a los zumos como la las infusiones de hojas o las decocciones de los tallos. Aportan muchas vitaminas, unas ayudan a eliminar parásitos, otras a solucionar problemas estomacales, de nervios, eccemas, deshidratación, algunas aportan electrolitos... Un lujo para los curiosos de la medicina tradicional. 

miércoles, 20 de agosto de 2014

Ébola

Durante el tiempo que he estado en Bissau, los informativos de las cadenas internacionales (RTP, France, RTVE, etc) no han dejado de informar sobre esta enfermedad. En España, la mayoría de los amigos y familiares nos han preguntado preocupados cómo está el tema aquí. Y en el país las personas se interesan por la existencia de planes de evacuación o por las medidas que se están tomando. Nadie es ajeno a la situación delicada que vivimos.

Es cierto que el Ébola es un problema de dimensiones mayores de las que podemos imaginarnos tanto en este país como en el resto del mundo. Nadie se plantea seriamente el riesgo de la extensión de una enfermedad que parece incontrolable si no se inmobiliza a la población, que se mueve silenciosamente y avanza con rapidez sin una cura real por el momento. El verdadero drama, sin embargo, está lo difícil que resulta tomar las medidas más básicas en países donde no hay transfusiones, suero, hospitales en buenas condiciones...

Voy a intentar explicarlo. Hace unas dos semanas pusieron en una cadena imágenes de médicos intentando enseñar a la población de Liberia, creo, qué hacer si algún familiar o ellos mismos se encontraban enfermos. El doctor lo explicaba en la lengua oficial del país, alguien por detrás repetía en la lengua indígena, y a la vez mostraban a la gente dibujos de todo aquello que intentaban transmitir. Me inundó una tremenda sensación de tristeza. La mayor parte de las personas afectadas son gente humilde que vive en poblados, con poca formación, que no entienden las lenguas oficiales porque hablan la de su etnia, que no comprenden lo que les quieren explicar porque sencillamente algunos consejos (no comer animales o matar a todos si uno de ellos está enfermo, cuando en muchos casos son la única fuente de proteínas o de subsistencia, no cuidar a los seres queridos, enterrar a las personas sin embalsamarlas ni llorarlas el tiempo necesario, no tocarse... yo qué sé) les son imposibles de comprender. No conciben la vida sin esos rituales de los que les dicen que ahora deben desprenderse. Escuchan, pero no interiorizan, porque tampoco muchas veces entienden el concepto de "contagio", "prevención", "tratamiento"...  Aquí, en Bissau, cuando un paciente va al médico, en muchas ocasiones no se le dice qué enfermedad tiene, sólo qué medicamento tiene que tomar y cuánto tiempo. Si les preguntas, todas las enfermedades se resumen en "mal do corpo" excepto el paludismo ¿Cómo van a comprender en un rato todo lo que durante siglos han desconocido?

Por otro lado, el constante ir y venir de personas no por las fronteras, sino por los miles de caminos que comunican los países, permite a gente de la misma familia y la misma etnia verse cada día, vivir en un lado y trabajar en otro. No hay medios para controlarlos todos. Por tierra y por mar el flujo es incesante. Sólo los aviones pueden ser vigilados en cierta medida.

Si de verdad la epidemia se vuelve incontrolable, no habrá fronteras para ella, de eso casi estoy segura. Pero para poner una nota de optimismo, diré que cada país pone en la medida que puede su granito de arena. La radio, el gran medio de comunicación en estos países tan pobres, informa sin parar de qué medidas han de tomarse y todo el que puede las aplica de manera religiosa. Este fin de semana , por ejemplo, visitamos la frontera con Senegal y en el puesto de la policía uno de los funcionarios obligaba a todos los pasajeros que entraban o salían de Guinea Bissau a lavarse las manos con una mezcla de agua y lejía. No es mucho, pero al menos han tomado conciencia de que las manos son las grandes transmisoras de las enfermedades. Todo el mundo realizaba esa higienización sin rechistar: niños, adultos y ancianos. Lo hacían con reverencia, con formalidad, como el que tiene una lección bien aprendida. Realmente poco más se puede hacer con los medios de que dispone el país, pero al menos la voluntad de tomar medidas existe.

Faltaría saber qué se hace al respecto de otras enfermedades que, como no sufren el riesgo de contagiar a Europa por el movimiento de personas entre países, no nos preocupan, a pesar de matar a mucha más gente en menos tiempo. Por ejemplo, que alguien busque las estadísticas de muertos por malaria o cólera en los últimos cinco meses. Superan con creces al ébola. Y, por ejemplo, para la malaria, el agua con lejía no sirve de nada.

lunes, 18 de agosto de 2014

Lluvia y casi ida y vuelta


Parece que fue ayer cuando llegué a Bissau y hace ya un mes. El tiempo pasa volando y, como siempre, la mayoría de los proyectos quedan sin hacer.
Cuando aterricé, la gente se mostraba muy preocupada con la falta de lluvias (aquí casi sería sequía) de la estación húmeda. La plantación de arroz se veía seriamente comprometida y las previsiones de hambruna crecían por momentos. Para compensar los malos augurios, desde que empezó agosto llueve con regularidad y las últimas dos semana ver el sol ha sido casi un milagro. La lluvia cae como una bendición, desbordando ríos, anegando campos, cortando los caminos. Sólo tanta agua es capaz de mantener el verde milagroso de estas tierras durante los meses de sequía.

la lluvia, siempre presente

El país está en plena ebullición de cambios. El nuevo Gobierno prepara reformas y proyectos con los parabienes de la comunidad internacional, fundamentalmente de la occidental, y promesas de ayudas económicas y cooperación al desarrollo. El resultado inmediato es que hay más horas de electricidad estatal, hay barrenderos empeñados en limpiar los restos de un mercado perenne y se intenta dar un lavado de cara a la formalidad de los nuevos gobernantes. Por mi parte, espero que algo de eso tenga repercusiones permanentes y beneficie a la población, que es lo que importa.
De recopilar relatos y leyendas, nada de nada. Me lo imaginaba. Aquí en agosto no queda ni el apuntador, tanto es el afán de huir de la lluvia, y encontrar narradores voluntarios a los que pueda entender no es tarea fácil sin la ayuda de intermediarios. Desde aquí ruego a los voluntarios que quieran me los hagan llegar en cualquier lengua (las asiáticas no, soy incapaz de comprenderlas hasta con la ayuda del traductor). Gracias.

Lo único que he conseguido es descubrir dos nuevas frutas para añadir a la lista de zumos: la carambola y el mandiple (lo explicaré, lo juro) y aprender de equívocos algunas palabras nuevas. Con eso, casi, está acabado el viaje. De lo que he visto saldrán unas cuantas entradas, casi todas seguidas antes de que se acabe el viaje.

domingo, 20 de julio de 2014

Reencuentro

Durante más de un año he estado alejada del blog. No de Bissau en el alma, pero sí de este rincón donde plasmaba mi vida allí. Tuve que irme del país y comenzar una nueva vida en España, siguiendo de lejos las evoluciones de un lugar que fue mi hogar durante dos años. Hoy vuelvo con la misión de desmantelar una casa y despedirme definitivamente. No es agradable, entre otras razones porque nunca se sabe si el cambio es para bien o para mal, si ha de estarse alegre o triste. 

Allí quedarán amigos, conocidos, lugares, experiencias... Comenzará una nueva vida y lo que ésta nos depare es una incógnita. Intentaré durante este mes recopilar las últimas impresiones, detalles que durante mi estancia en España me di cuenta de que no había buscado ni conocido, como tradiciones, relatos, cuentos...

Vuelvo emocionada y asustada, casi como la primera vez que emprendí el viaje, consciente de que la vida ha cambiado mucho en este tiempo, y me siento un poco extranjera, un poco invasora, un poco aprendiz. Ojalá estos días me reconcilien con el mundo que dejé en una Bissau convulsa y empobrecida, y como el país mantenga la esperanza y la fe en un futuro mejor.

Luego, con los bártulos recogidos y la maleta preparada de nuevo, cerraré definitivamente el blog, para no acumular trastos viejos.

lunes, 8 de julio de 2013

Y agua



La lluvia ha llegado finalmente con casi un mes de retraso, y como suele ocurrir en estos casos está intentando compensar todo lo que no había llovido hasta ahora. Desde el viernes las tormentas se han ido sucediendo con mayor fuerza cada vez y ayer y hoy ya brama y refunfuña durante horas en cuanto empieza a caer la tarde.

Es curioso cómo el atardecer convoca las fuerzas de la naturaleza y evoca en mí, por alguna razón que desconozco, esa vieja explicación que le damos a los alumnos los profesores de literatura en la que hablamos de las últimas horas de la tarde como las horas “brujas” para la creación. Supongo que los colores, el cansancio, las alegrías y frustraciones del día se evalúan al acabar la jornada y la revisión de la vida y los sentimientos libera el sentimiento creador. Si a todo eso le añadimos una tempestad tropical, con vientos fortísimos que cargan los cuerpos de energía, relámpagos que atraviesan la ciudad de un lado a otro y oleadas de agua que lo inundan todo, la imaginación vuela con más fuerza.

 Yo, como soy blanca, no salgo de casa. Pero hoy que me he quedado sola, escribiendo esta entrada sonrío pensando en la celebración del agua que seguramente habrá fuera, en los barrios. Durante los momentos de más fuerza de la tormenta el tráfico se detiene –no se ve nada de nada, es necesario- y las personas toman la calle para bañarse, pasear, jugar… Vuelven a casa exahustas, liberadas. Sonrío y las envidio; y como ser híper civilizado que soy, pienso en lo maravilloso que sería ahora, cuando amaina y ruge el cielo sordamente, salir a una terraza y tomar uno de los famosos gin-tonic de Bissau, ésos que llevan hielos hechos con agua de potabilidad dudosa y limas del país, Beefeater si hay suerte y a veces Bombaiy Sapphire, pero en otras ocasiones Larios o ginebra de marca desconocida y tónica Schweppes normal y corriente importada de países árabes, y que saben mejor que los mejores combinados de los países civilizados. Disfrutar de la bebida y relajarme.

Siempre me prometo que antes de dejar Bissau me iré a la calle a bailar y mojarme, al fin y al cabo lo peor que puedo coger es un catarro y eso ya el aire acondicionado lo proporciona dentro de casa.

Bailar bajo el agua y cazar un relámpago inmenso con la cámara de fotos. Supongo que al final no lo haré. O sí. Vaya usted a saber.




miércoles, 26 de junio de 2013

Retorno a casa

Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada. Con las idas y venidas, y las largas estancias en España, no me parecía correcto escribir en un blog de África, máxime cuando no se está allí.
 
Ahora sí me encuentro de vuelta. Quizás el último retorno antes de volver al trabajo y la vida en España. Bissau me ha recibido algo revuelto, como el tiempo, tranquilo en apariencia pero sin estar del todo como debería. Si empiezo por el país, hay un pacto de gobernabilidad que pretende solucionar los problemas ocasionados por el golpe de Estado y que intenta dar estabilidad al proceso, pero en el fondo parece que la presión militar no afloja, algunos nombramientos pertenecen a personas afines a los golpistas y el pueblo está cada vez más necesitado. No hay variedad de productos en los comercios, el mercado está casi desierto y la ausencia de cooperantes y personal europeo evidencia una situación económica dura: no entra dinero. Hacen falta medidas reales que dinamicen el país y la actividad económica, casi paralizada.
 
El tiempo es igualmente engañoso; los días están tranquilos y al anochecer, muchas veces, se nubla, pero la lluvia no ha llegado y una humedad sofocante se apodera del país, agotándolo. Hay necesidad de lluvia y en su ausencia todo es polvo y sudor. Nos hace falta agua.
 
Fuera de estas reflexiones, volver ha sido muy agradable. Me gusta el país y me gusta su gente, aunque me apene verlos tan necesitados. Es agradable reencontrarse con los conocidos y amigos, salir a tomar alguna cervecita y volver a pelearse con la rutina. El primer encuentro tuvo lugar el día de España, que aquí se celebra con una recepción a la colonia española en la Embajada. Hubo algunas ausencias que lamenté, aunque después ya nos hemos puesto en contacto por teléfono, pero la velada fue amena y formábamos un grupo de expatriados muy agradable.
 
Como creo que haré algunas visitas a zonas aún no exploradas de Bandim, iré dando cumplida cuenta de ellas. Espero, además, que mi santo me lleve a algún sitio en viaje relámpago -sin agotar el presupuesto y si las lluvias lo permiten, claro- del que mostraré las pertinentes fotografías.
 
De momento, para celebrar el optimismo del retorno he decidido ayudar a una editorial española con la que colaboro económicamente para que editen con todas las de la ley un disco basado en un libro de poemas. Fomento de la cultura. A ver si encuentro ocasión de hacer algo de eso aquí también.
 
http://www.verkami.com/locale/es/projects/5758-disco-rebelde-soledad-canciones-sobre-poemas-de-julia-de-burgos

domingo, 5 de mayo de 2013

Contrastes

El sábado fuimos a un desfile de modelos en el Centro Cultural Franco-guineense. Fue un acto curioso. En un país que actualmente se mueve en una constante inestabilidad, en el que el miedo a un nuevo golpe de mano por parte de fuerzas desconocidas nos mantiene siempre en alerta, un acto tan sofisticado representó bien el contraste entre la apariencia de normalidad y la marejada de fondo.

Al pase de moda estaban invitadas personalidades y representantes de embajadas y consulados y gente "bien" de la sociedad guineense. Sólo media hora antes de acudir, recibimos una llamada que nos prevenía sobre la presencia de militares armados en los alrededores del lugar. La primera idea: algunos incontrolados protestando ante los diplomáticos y europeos e intentando evitar el desfile. La realidad: el presidente del país estaba invitado y traía una fuerza de seguridad algo excesiva, pero muy en consonancia con lo que ocurre en países como éste, en los que se intenta dar apariencia de fuerza y defensa de los miembros del gobierno.

El sobresalto quedó en nada, pero así pasan los días. El país tiende a la normalidad (o al menos sus ciudadanos lo pretenden), pero la inestabilidad política evidencia otra realidad. Entre el "va a pasar" típico de los ciudadanos, que efectivamente esperan que todo pase, y el "chega" -llega- tan portugués de esto es más que suficiente y no puede perdurar.


Abstraídos de la alarma inicial, nos sumerjimos en un intento de normalización lleno de música y glamour, vestidos de corte occidental y telas de inspiración africana y de corte tradicional con tejidos más occidentales. Modelos -hombres y mujeres- que desfilaron con gran profesionalidad y de fondo el trabajo de algunas personas que intentan que los negocios funcionen en Guinea Bissau al margen de las maniobras de dentro y, por supuesto, de fuera.

miércoles, 24 de abril de 2013

La playa de Quinhamel

 
De nuevo en Bissau. Esta vez me ha acompañado una amiga y, para celebrar su valentía, hemos hecho algunos desplazamientos para lugares que alguno de los dos (mi marido y yo) o ambos desconocíamos. Ayer tocó la playa de Suru, que yo no había visto y de la que no tengo fotos, y hoy la de Quinhamel, nueva para los dos.

La playa de Quinhamel es fluvial. Cuando la marea está baja (el río conecta con el mar y sube y baja con él) queda una fina línea de agua entre dos grandes extensiones de arena que la gente atraviesa andando. ¿Qué gente? no lo sé. Cuando llegamos había una hilera de personas que salían del mato que estaba frente a nosotros y que fluía desde el interior hacia el agua en una fila interminable. Portaban en las cabezas troncos, frutos, pescados... Su peregrinar hacia nuestro lado de la ribera tenía algo de comunión social y de fiesta.

Cerca de nosotros había dos coches con música, y las mujeres se acercaban casi danzando. Todos se agrupaban bajo un gran árbol, supongo que para adentrarse en la selva juntos de camino a su tabanka-aldea. La imagen de su tranquila migración, por otro lado cotidiana, marca el final de una jornada de trabajo. También en el camino a la playa muchas personas se retiraban tras un día de trabajo en la recién inaugurada temporada de anacardo. En la misma playa probamos algunas "manzanas" de cajú maduras, dulces y jugosas que aplacaron la sed en estos calurosos días previos a la lluvia.

 
Fue una tarde apacible y optimista. Gente en movimento, aguas tranquilas, sol radiante, música de fondo y naturaleza virgen para todos, que la compartíamos sin estorbarnos, respetuosamente.

domingo, 24 de marzo de 2013

Más experimentos


Rizoma y planta de jengibre
http://www.bionatural.es/ 
A pesar de que sólo he estado dos semanas esta vez en Bissau, he tenido tiempo de experimentar con algún producto local más, concretamente con dos. Uno de ellos, que he tomado en zumo, es más típico al parecer de Senegal y sin dudarlo de Oriente. Es la djimdjimbera [yinyinbera] o jengibre. Reconozco que, como me pasó con el pez raya, a  pesar de haberlo visto mil veces nunca supe para qué usarlo, hasta que el otro día lo tomé en zumo.
 
He de decir que mi olfato es algo especial, y el sabor fuerte de esta raíz, mezclada con agua, me olía a detergente incluso con quilos de azúcar. Según alguien más habituado a esta bebida, estaba especialmente fuerte. Picaba tanto que saturaba el paladar. Pero luego me hablaron de las mil y una propiedades beneficiosas del jengibre y decidí rehacerlo en casa más suave. Al final fue con zanahoria, limón y miel. Una vez que el gusto se acostumbra, es refrescante y sí se siente una más ligera después de tomarlo. Incluso se hace mejor la digestión. Ahora me quedan por explorar sus propiedades culinarias.


Dried-Hibiscus-Roselle
Flor y hoja de Hibiscus sabdariffa.
http://www.gardeningoncloud9.com/
El otro producto es más exótico. Lo probé en Djalicunda por primera vez, y es una especie de puré hecho con hojas de hibisco rosa (rosa de alejandría), cuyas flores se utilizan para el famoso y muy saludable (y amargo) sumu de ondjo [sumu de onyo]. Las hojas verdes, de forma palmeada, se cuecen con el fruto de otra variedad de hibisco, una especie de pimiento verde pálido llamado kandja [kanya] que cocido tiene una textura gelatinosa y algo insípida.

Gombo ou Okra (worldcrops.com)
Kandja. http://lesjardinsdepomone.be/?p=251
Cocidos ambos ingredientes, la kandja y el bagitche ([baguiche], hojas de hibisco), se baten dando lugar a un puré gelatinoso y algo aéreo (me sueno a Arzak hablando de alta cocina), como espumoso, que se usa para comer con el arroz que acompaña a muchos platos tradicionales. Superada la reticencia inicial a comer algo parecido a baba verde, resulta que aligera la textura del arroz y ayuda a hacer la digestión.

El único problema que esta preparación tiene es la consabida higienización de ambos vegetales, ya que el tipo de abonado -natural procedente de heces animales- y el uso de aguas no siempre potables para el riego pueden comportar algún riesgo sanitario.

En fin, esta es mi última -si sale el avión- entrada desde Bissau en casi un mes y parece casi una lección de botánica o de alimentación, pero no podía resisitirme a contar la experiencia, máxime cuando esta vez los dos-que son tres- nuevos experimentos son muy saludables, buenos para el colesterol, ayudan en las dietas de adelgazamiento y están repletos de propiedades medicinales. Ahí queda eso: sumu de djimdjimber, sumu de ondjo y baguitche.

sábado, 16 de marzo de 2013

Djalicunda

Aprovechando mi corta estancia en Bissau, y ante la perspectiva cierta de que lo que deje para mañana no lo haré jamás, me fui el jueves con mi amiga Rosa a Djalicunda, donde la organización KAFO tiene un Centro campesino de formación, vulgarización agrícola y valorización de saber tradicional cerca de la frontera con Senegal, en la región de Oio.

Banco de simientes tradicionales de arroz. El único del país
El centro hace seguimiento de proyectos y programas de desarrollo local basados en saberes y riquezas naturales. De las once agrupaciones que se integran en la organización, y que reúnen a más de novecientas tabankas (aldeas) y veinticinco mil socios, una parte notable son las mujeres. Dicen que el sesenta y uno por ciento.
Nosotras íbamos a celebrar allí el día de la mujer trabajadora. Ya hubo actos en su momento, pero ahora tendrían lugar las conclusiones a una semana de trabajo y promoción de los derechos de la mujer.

A estas dos jornadas de convivencia acudieron hombres y mujeres representantes de tabankas que participan en un programa de promoción de derechos políticos y sociales de las mujeres. Fue una experiencia aleccionadora. Los asistentes se presentaron, participaron activamente en las actividades y realizaron -realizamos- en grupos trabajos de análisis de situaciones de incumplimiento de esos derechos y propuesta de recomendaciones para elevar a instancias superiores.

Digna de verse la fuerza con la que las mindjeres grandis (las mujeres mayores) denuncian sin tapujos la situación de excesivo trabajo y la poca ganancia económica que tienen, y la falta de ayuda de los hombres en todo ello. Denuncian que ellas tienen que sostener la familia y no les queda dinero para cuidarse (médicos, ginecólogos, documentación de identidad...) Acusan a la sociedad de mantener prácticas dañinas para los derechos de la mujer: el fanado -la ablación-, los matrimonios forzados o prematuros, las violaciones físicas y sexuales, analfabetismo femenino (creen que si una mujer estudia no puede tener hijos)...

Los hombres que participan apoyan estas reivindicaciones. Se sienten honrados de formar parte de la mejora de la sociedad y entienden que mejorar la vida de las mujeres mejora la vida de la familia, de los hijos. Rechazan forzar a la mujer, impulsan el uso del preservativo para evitar la propagación de enfermedades y quieren formar parte del cambio activamente.

 
Estar fue un orgullo. Ver a los animadores y formadores trabajar con los socios de KAFO, también. Asistir a un intento de racionalizar y sacar partido al trabajo que muchas organizaciones, gubernamentales o no, hacen de manera descoordinada y que puede dar mejores frutos intercambiando información. Estoy agradecida por haber tenido la oportunida de formar parte de ello.

Mirad un ejemplo: mujeres sacando agua. ¿Os podéis creer que los maridos estaban a la derecha, sentados a la sombra charlando con los hijos varones?

martes, 12 de marzo de 2013

Casi despedida, botas de fútbol y algo más

No hace ni dos días que volví a Bissau y me invade una extraña sensación de foránea, máxime cuando dentro de poco volveré a marcharme. Cuando se ha adquirido la rutina de vivir en un lugar cuesta trabajo mentalizarse de que, finalmente, dejará de ser tu hogar, y de que mi paso por este país empezará a ser cada vez más estacional. Es como despedirse de un amante separando cada vez más las citas, pero dándote cada vez a él con la misma pasión.

Tal vez por eso no salí los primeros días a saludar a los niños, y eso que les he traído, esta vez sí, una maleta llena de botas de fútbol con clavos y sin ellos, donadas generosamente por compañeros de mis sobrinos. Quizá porque me da pena verlos y dejarlos de ver una y otra vez. Finalmente, ayer quedé con ellos e hicimos la entrega. Fue divertido, porque a medida que encontraban su número (o no, o elegían las que más les gustaban con la condición de que 1- les entrara el pie, 2- no les sobrara medio zapato y 3- no se coge más de un par por cabeza) crecía su alegría y terminamos con un desparrame de regalos: equipamientos de la selección española, balones de fútbol...


Todo el equipo en posición, hasta Distino, el can
Casi fue un encuentro familiar. Nos quedamos todos en el porche de casa y dejamos que pasaran hasta los perros de Bafón, Distino y Deuste, que todavía cuando nos oyen o entran en casa buscan a mis perras como locos; el pequeño Deuste para jugar, y con Distino nunca se sabe. Elías se quedó sin botas porque tiene un número muy grande -el 45- y nadie nos había dado calzado de ese tamaño; tendré que comprale unas aquí para que pueda jugar con el equipo del barrio. Y Erik y Guatna se quedaron sin uniformes porque eran muy grandes para ellos y los adultos de la casa se los iban a quitar en un segundo. Esos tendrán que esperar a la vuelta de Semana Santa para vestirse de la Roja.

Y héteme aquí arreglando cordones
Luego fueron volviendo a casa para pedirme que les metiera los cordones en las zapatillas (debería comprarles cordones nuevos) o los ayudara a calzarse y para decirme que una niña nueva, otra menina de criação que llegó hace poco a la casa, se había quedado sin sus zapatillas. He de reconocer que le di los más pequeños que había y creo que le durarán al menos dos años. Quizá no tanto, porque tienen los pies muy grandes!!!

Hoy tocó visitar a las mujeres del mercado y comprar lo que necesitaba y lo que no, hay que hacerles un poco de gasto a todas. Usé mis contactos para mostrarle al padre de una amiga dos centros educativos y nos dimos un baño de masas entre enanos de seis a ocho años. No estuvo mal. Lo miro todo como si fuera ya mío -me cuesta poco integrarlo- y como si fuera a dejar de serlo.

A partir de ahora cada entrada será un descubrimiento y una casi despedida. Quizá no en la pantalla del ordenador, pero sí en mi memoria.

domingo, 10 de marzo de 2013

Nada funciona??

Un mes en España es más que suficiente para entrar en faena. Recuerdo los primeros días en Bissau, la locura de arreglar, amueblar... y el buen humor con el que me lo tomaba. La casa llena de gente y miles de reparaciones por hacer.

Un mes en España y ya tengo las mismas obligaciones: arreglar, amueblar... La diferencia es que, como es España, me saca de mis casillas que algunos problemas se estén dando, y es casi imposible hacer venir a alguna persona a casa para hacer algo. Sobre todo porque muchos trabajos deberían hacerlos gratis, como defectos de la construcción.

Tendré que tomarme un tiempo y reírme de ello. Vivir en un país más atrasado te hace echarle la culpa de los problemas a la falta de educación y de posibilidades. El problema es a qué echarle la culpa en un país desarrollado. Supongo que será la crisis, que nos vuelve locos. He tardado dos semanas en encontrar por dónde entra la línea de teléfono en casa para instalar Internet: acabamos el electricista y yo picando el jardín con una vara para encontrar el camino. Cuatro días más para que funcione el módem y pueda conectarme.

Ni me imagino el tiempo que me llevará arreglar las ventanas y la puerta de entrada, reparar la línea telefónica dela planta baja o arreglar el tiro de la chimenea. Tendré que hacer como en Bissau. Marcharme, tomar perspectiva y volver con energías renovadas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Bissau y la distancia

El trabajo y los cambios en las circunstancias laborales de mi marido, me han hecho volver a viajar de Bissau a España, esta vez para un periodo más largo de tiempo. El trayecto es en ocasiones casi un poema. Dentro del avión hace un frío glaciar, supongo que acentuado por el contraste con el calor exterior. Es como viajar a Siberia. Algunos guineenses se quedan tan fríos que, instintivamente, se cubren, en lugar del cuerpo, la cabeza. Se enfundan en mantas rojas y azules como si fueran monjes.

Esa imagen del frío interior acompasa bien con el exterior. El avión que sobrevuela el mar muestra una hermosa imagen de Lisboa al amanecer. Luces pálidas y niebla fueron la semblanza de este vuelo. El camino hacia Madrid se asoma al paisaje entre nubes blancas, y entre ellas deslumbra repentinamente el blanco de las montañas nevadas. En ocasiones, se abren huecos que permiten ver el verde de los campos y las siluetas del río. Cañones, meandros, llanuras... vistas como pequeños submundos al fondo de cráteres de algodón.

La paz del retorno me llena de nostalgia. Por una vez, el trayecto parace iniciar un proceso de mentalización, de preparación al cambio. Anticipa el retorno, o tal vez un período de separaciones y reencuentros. Intento retener las sensaciones para afrontar Europa -¿somos Europa?- con tranquilidad, casi parsimonia, pero a la vez creo que el frenético estado en que se encuentra España me arrastrará inevitablemente. En unos días estáré viajando como una loca de un lado a otro de la geografía patria, intentando recordar todo lo bueno que puedo compartir y sobreponiéndome al pesimismo y el desánimo generalizado.

Me gustaría ver los famosos brotes verdes. Sé que mucha gente está luchando, preparándose para afrontar nuevos retos y buscar un futuro mejor. Tengo dentro de mi familia jóvenes que se buscan la vida y estudian y bregan. Por encima de todo, creo que la mejor ayuda es no dejarles caer en el desánimo, no dejarnos caer en él. En lo que esté en mi mano, intentaré enviar este mensaje; debemos ayudarnos, unirnos por encima de ideologías y condiciones laborales. Mirar el futuro con optimismo, exigir nuestros derechos y afrontar nuestros deberes: volvernos mejores trabajadores, más orgullosos de lo que somos. El cambio ha de ser ese: mejorar como personas, mejorar como ciudadanos y esforzarnos juntos, con energía. Si nosotros creemos que se puede, nuestros jóvenes harán que se pueda.

lunes, 21 de enero de 2013

Demba y la música

En ocasiones un momento en Bissau abre la puerta a sensaciones y emociones sorprendentes. Ocurre, como casi siempre, cuando menos te lo esperas, como ayer por la tarde.

Decidimos salir de casa a compartir una pizza por la tarde-noche por eso de que, aunque no teníamos hambre, pasábamos el fin del domingo fuera de casa y se hacía más corto el tiempo. Nos montamos en el carro y recorrimos la ciudad para, finalmente, sentarnos en la terraza del Kaliste, uno de los clásicos de Bissau. Y lo hicimos a pesar de que no había casi gente.

Cosas del destino, ese día estaba Demba cantando. Y lo digo con alegría, porque es un hombre muy agradable, un artista con la guitarra y amante del jazz, y hacía mucho tiempo que no disfrutábamos de su música en este bar-restaurante. Junto a él, acompañándolo, estaba un saxo magnífico cuyo nombre no recuerdo, pero que ya escuché en un concierto junto a Demba en el Centro Cultural Franco-guineense. De repente, la velada se convirtió en toda una experiencia musical.

Reconozco que casi simpre toca las mismas canciones, pero eso también tiene su encanto. Alterna algunas clásicas como Billy Jean, de Michael Jackson o Stand by me con música caboverdiana y composiciones propias de la tierra, todo ello con su peculiar ritmo casi asincopado y su voz afónica. El saxón rizó más el rizo y el mini concierto, íntimo porque éramos pocos los testigos, nos proporcionó a todos uno de esos momentos mágicos en los que Bissau se parece a las películas, y podría haber aparecido Humprey Bogart y no nos hubiéramos sorprendido lo más mínimo. La penumbra en que suele estar la terraza y la variedad de nacionalidades que se reúnen allí ayuda a dejar volar la imaginación.

Descubrí que puedo tararear la mayoría de sus canciones, incluso las bissau-guineenses, aunque no recuerde la letra, y acabé el domingo con un deje bailón en los hombros y las caderas, tanto que todavía esta mañana canturreaba por la casa. Lo comentamos mi marido y yo como lo hicimos la primera vez que oímos a Demba en este mismo lugar. Estas experiencias nos recuerdan por qué Africa sigue encandilando.

domingo, 13 de enero de 2013

Superviviente

Voy a contar una historia que no quiere ser melodramática, sino testigo de cosas que pasan sin querer en la vida. El 28 de diciembre una embarcación estatal que hacía el trayecto Bolama-Bissau (Bolama fue antiguamente capital del país, a pesar de ser una isla) se hundió en el mar por razones conocidas: una desemboradura marítima peligrosa, mal estado de la nave y exceso de pasajeros a bordo. Setenta y cuatro personas sobrevivieron y al menos treinta murieron, entre ellas varios niños, atrapados entre el barco y el techado de lona que se desplomó al hundirse la nave. Cuando leí la noticia en Internet, me quedé preocupada: conozco gente que hace ese trayecto los viernes para venir a Bissau y los domingos para volver al trabajo en la isla.

En el kayuko, hacia Bolama - En el kayuko Me voy para la isla de Bolama. A partir de ahora, haré el resto del viaje yo sólo. No sé muy bien con lo que me voy a encontrar en las islas, pero al menos me tranquiliza el que pueda entenderme con los paisanos. Aquí se habla el “criollo”, una mezcla de portugués y dialectos africanos, lo que permite cierto entendimiento mutuo. Sé que hay tribus que utilizan plantas medicinales únicas, propias de las islas. Esto me alienta y justifica mi decisión. In the kayuko I am leaving for Bolama Island of. From now on, I will travel alone. I do not know very well what I'm going to find in the islands, but at least it reassures me that the villagers can understand. Here it is speaks the Creole, a mixture of Portuguese and African dialects, enabling true understanding. I know there are tribes that use medicinal plants unique to the islands themselves. This encourages me and justify my decision. Dans le kayuko Je pars pour l'île de Bolama. A partir de maintenant, je vais Voyage seul. Je ne sais pas très bien ce que je vais trouver dans les îles, mais au moins il me rassure que les villageois peuvent comprendre. Ici parle le créole, un mélange de portugais et en dialectes africains, ce qui permet une véritable compréhension. Je sais qu'il ya des tribus qui utilisent les plantes médicinales unique sur les îles elles-mêmes. Cela m'encourage et de justifier ma décision. - Fotolog
Más o menos así era el interior del barco que hacía el trayecto Bolama-Bissau
http://www.fotolog.com/kompany/36443998/
El miércoles reconocí a una de esas personas, una chica europea cuyo nombre y nacionalidad no voy a decir por respeto. Digo reconocí porque ya había estado con ella varias veces. Me alegró verla, y a la vez sentí una aflicción enorme cuando nos contó que había vuelto a nacer. Sobrevivió gracias a su sangre fría y un fuerte deseo de hacerlo. Vio venir la tragedia, pudo nadar y encontrar un agujero entre el techado para salir a la superficie, nadó más de diez minutos en compañía de otras personas entre olas altísimas de agua marrón, como acostumbra a ser el río-mar en su desembocadura al océano, y fue rescatada por una "piroga" de las que salieron a buscar supervivientes. Llegó a puerto y ayudó a desembarcar cuerpos de ahogados.

Vino a Bissau dando un giro en su vida, dejando un trabajo y un futuro casi ciertos, y se embarcó en un proyecto con una OGN. En seis meses ha vivido la entrada de militares en la isla de Bolama, incluso en su propia casa, y este naufragio. A pesar de todo le gusta Bissau, y después de unos días de descanso en su país piensa volver a trabajar aquí. Es consciente de que volvió a nacer, y creo que cuando se sobrevive a una historia así algo cambia en tu mente. No sé cuál será o ha sido el cambio; el tiempo lo dirá

Así son las pirogas con las que la rescataron
http://vovworld.vn/es-ES/Noticias/22-muertos-en-un-naufragio-en-GuineaBissau/127861.vov
En cierto modo, me asombra y me fascina su fuerza, su capacidad de lucha. Tuvo una gran suerte; por mantener la cabeza serena y no dejarse dominar por el pánico cuando comprendió que el barco no iba a llegar a puerto -todos lo sabían- y por sacar fuerzas para defenderse en estas aguas tremendamente oscuras y fuertes, a pesar de que no estaban muy alejados de la costa. De su vivencia habla en cuanto puede, y más aún de la de los demás: cuenta cómo se salvó y acto seguido enumera los conocidos, todos ellos guineenses, de la isla de Bolama que han perecido. Eso es, a mi entender, lo que más le cuesta asimilar: ser consciente de que está viva y de que otros muchos murieron. Cada mente fija una imagen de la tragedia; la suya son los cuerpos que ayudó a subir al puerto.

Desde aquí, mi ánimo y mi respeto por su entereza. Si, como dice la leyenda, todos tenemos una hora y un lugar donde la muerte nos espera, a ella no la buscó en estos días de Navidad. Ésa es la lectura que puede hacerse de su historia.

sábado, 12 de enero de 2013

Pis-rea y té de jazmín

Esta entrada de comida, además de denunciar nuevamente mi ignorancia alimenticia, tiene el pecado mayor de que voy a alabar un animal muy apreciado en las cocinas gallegas y en general del norte de España que, como buena nativa de interior, no había probado en mi vida. En mi descargo he de decir que, si bien el famoso mero o capitán no me sonaba ni de vista, la raya, raia o pis-rea, la conocía bien, sólo que no me había llamado la atención nunca comerla.

Un día que fui al puerto unas mujeres me la ofrecieron, eran unos peces pequeños y decidí que era hora de probarla, sobre todo teniendo en cuenta que me los dejaban a precio de saldo: seis por setenta y cinco céntimos de euro. Hecha la compra, la primera acción, cómo no, fue abrir Internet y ver cómo se limpian esos bichos. Lamentable el hecho de que muchos vídeos de youtube son de pescadores y las despiezan estando vivas, lo cual me parece repugnante.

Así queda, más o menos, la parte limpia y comestible de una raya. Foto: comerciogalicia.es
 
Resumiendo, el experimento fue un éxito y la caldeirada de raya nos pareció, al santo de mi marido que todo lo prueba de buen grado, y a mí, una delicia. Animada por la experiencia positiva, y porque otra persona estaba interesada en adquirir un ejemplar grande para hacerlo con matequilla negra (creo que es una exquisitez), el jueves compré en el puerto por el reducido precio de nueve euros y medio un animal de proporciones más que respetables (como siempre, pena de foto, ocupaba todo el maletero) que hube de limpiar y preparar en el jardín con la manguera porque no había en la cocina espacio donde hacerlo. La compra y posterior despiece del animal dejaron al personal alucinado, y Sidi pasó la hora entera que me estuve peleando con los cuchillos atónito y sorprendido ante semejante trabajo.

El resultado de tanto esfuerzo y unas ampollas respetables en las manos fue un convite, hoy, para comer raya a la meunière en casa de un amigo, regada con vinos de albariño. El anfitrión me regaló un bote de té de jazmín chino con el que ahora mismo entono el espíritu ante el ordenador.

Moraleja: la vida en Guinea-Bissau está siempre llena de esas pequeñas delicias: un guiso sofisticado, un vino de la tierra y un té delicioso, todo por diez euros. La compañía y la conversación, más que agradables, lo que no tiene precio. No se puede pedir más.

lunes, 7 de enero de 2013

Retorno e incertidumbre

Una vez más hemos vuelto a Bissau después de las vacaciones. Respondiendo a todo el que nos pregunta que "o viagem corriu muito bem e a familha está bem, obrigada", hemos pasado el primer día del retorno. Hay muchas caras sonrientes, como siempre, y los niños perdidos -al menos los que están aquí- nos han llamado a voces para cumplimentarnos.

Hay cosas que están cambiando, en Guinea y en nuestras vidas, y todas ellas son inquietantes, no sé si para bien o para mal. En nosotros, porque ahora vivo entre dos mundos, con proyectos en España que me obligan a estar lejos más tiempo del que quisiera, con dudas sobre nuestra estancia aquí y, principalmente, la mía. Esa incertidumbre de no saber qué hacer, si quedarse o partir, si iniciar los procesos de incorporación o jugársela un año más, va a convertirse en el pan nuestro de cada día. Será para bien, imagino, pero sólo lo sabremos con el paso del tiempo.

En Bissau el cambio no es a mejor, de momento. Se suceden las huelgas (educación, sanidad, electricidad) y la falta de dinero empieza a ser un problema en un país tradicionalmente afable. La gente no tiene nada (si antes no tenía, imaginaos ahora) y comienza a ser preocupante el aumento de robos a blancos, algunos de ellos dicen que perpetrados por militares vestidos de paisano. La ausencia de luz y la inestabilidad retienen a los expatriados en casa, con la consiguiente disminución del gasto en restaurantes y bares. Textualmente, el país está más oscuro que nunca.

No sé si será para bien. De momento, no lo parece. El bloqueo está llevando a este "estado fallido" al agotamiento, pero sólo lo padecen la población y los pequeños empresarios. Como en todas partes, los que gobiernan no acusan al golpe. Parece que se espera un cambio de rumbo, pero no se sabe si en una dirección correcta y si será a tiempo.

Habrá que pensar que el 2013 es un año de cambios, que todos ellos tendrán repercusiones positivas y que saldremos reforzados, aunque ahora la desazón nos quite el sueño. Como dicen los guineenses, va a pasar, y nos reiremos de ello cuando comamos las uvas del 2014. Que, por cierto, está a la vuelta de la esquina.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Entre Natal, la puera y la nieve

Estas son las primeras humaredas

Con la cercanía de la Navidad, preparamos el consabido viaje para pasar las fiestas con la familia, los amigos y, por supuesto, las perritas. 

Dejamos Bissau empezando a sumirse en las infinitas nubes de "puera" -polvo- y humo que surgen de la sequía. La tierra flota en el ambiente, tiñéndolo de rojo, y las innumerables fogatas que queman la basura al acabar las lluvias extienden un velo con olor a neumáticos y eucalipto por toda la capital. Los trabajadores en las afueras usan mascarillas y al tradicional paludismo o malaria se unen ahora las afecciones respiratorias. Aún así, el paisaje es hermoso y el humo ofrece unos atardeceres magníficos.

La sequía trae también el inicio de la época de bodas -en este país que los novios se mojen es señal de mala suerte- y el local que hay detrás de nuestra casa, O Paián, hace su particular agosto con fiestas donde la comida y la música se combinan para celebrar los casamientos. Nosotros, a su vez, tenemos música gratis toda la tarde. Y entretenimiento. A veces nos acercamos paseando hasta la puerta para ver el ambiente.

Los más afortunados o con mayor poder adquisitivo engalanan sus casas y, si pueden, un trozo de la calle, con adornos navideños. Natal (Navidad) es una fiesta celebrada, mayoritariamente, por toda la población, independientemente de su profesión religiosa. Igual que se festejan el Tabaski, el Ramadám y el Carnaval. Luces furtivas que tintinean entre las nieblas secas de arena y humo y gentes que se unen en celebraciones colectivas que les hacen sentir que forman parte de una comunidad más allá de credos e ideologías.

Engarrafamento en vísperas de Navidad
Las calles de Bissau, sobre todo Bandim, están tan llenas de personas en las horas de comercio (de la mañana al atardecer) que no se puede pasear por ellas. Se hacen las compras de ropa nueva para los meninos, de ropa de fiesta para los días más señalados, zapatos, regalos, comida... Vuelven los emigrados con sus descendientes, se reúnen familias...

Las calles de España, como las de Bissau, estarán llenas de personas buscando las últimas o las mejores ofertas, las primeras rebajas... Ajustando el dinero, por supuesto, pero sin renunciar a la ilusión. Y muchos emigrados volveremos a casa para ver a nuestras familias y reencontrarnos con nuestro país.
Por supuesto, Sanabria

Nosotros de Bissau nos iremos a España, donde nos esperan las nieblas húmedas y el frío, quizá la nieve. Es una época que a ambos nos gusta mucho, tanto por el contenido emocional de estos días como por el clima y el paisaje que el final del otoño y el inicio del invierno ofrecen. Intentaremos escaparnos a algún sitio aún más frío que nuestra Zamora para estar más cerca de la naturaleza invernal, del agua y del viento, de los árboles. Y nos llevaremos a las perras para que disfruten.

Después de todo eso... Dios dirá. Un futuro aún poco claro y muchos interrogantes por resolver, aunque con la certeza de que sea lo que sea lo que nos depara el destino, será bueno. Año nuevo, vida nueva. En nuestro caso, casi seguro que sí.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Netos, de aquí

Hacía un siglo que no escribía nada en el blog. Bueno, no tanto, pero sí han sido unas mini vacaciones.

Durante el tiempo de descanso viajé a España (ésa fue mi última entrada) y volví a Bissau. Luego volví a viajar, pero ésa es otra historia. He tenido la suerte de ver, por segunda vez desde que vivo aquí, una actuación de los Netos de Bandim. He de reconocer que son de lo mejor que he visto en grupos musicales, tanto en organización como en vistosidad y ritmo. Su percusión es más que buena.



Hace tiempo hice ya una entrada sobre ellos. Los apadrina la fundación Amic, y dentro de sus funciones como Asociación Cultural que en estos días cumple 12 años destaca claramente su voluntad de formación. Dirigen sus esfuerzos a la consolidación de una escuela para niños y niñas y para las madres, que son las que necesitan más ayuda. Durante la actuación insistieron en ello y pidieron el apadrinamiento de niños. La actuación fue el colofón a doce días de actividades culturales, clases de percusión, danza, exposiciones y conferencias.
 


Viendo su espectáculo y sus danzas se comprenden mejor las peculiaridades de cada etnia, cuáles son fuertes y agresivas, cuáles astutas y hábiles, cuáles hospitalarias y laboriosas... Las ropas, los movimientos, la excitación que las danzas provocan en los propios bailarines, cuyos gestos y actitudes varían no con las normas del baile, sino con el sentimiento que éste provoca y el conocimiento de la historia que subyace detrás de cada uno, y todo ello llega vivo al espectador.
 
 
No me enrollo. Hubiera querido dejar algún vídeo casero, para que los admiréis un poco, pero no consigo cargarlos (torpe, torpe), así que ahí van las consabidas fotos. Lástima de viaje carísmo a España, porque sería un gustazo llevarlos y que los vierais en directo. Las danzas representando a las principales etnias, el colorido, el ritmo, la fuerza que transmiten...



Desde aquí, felicidades por esos doce años de vida y trabajo.



 
 

 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Lisboa

Por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, el último mes he realizado dos viajes a España, con el consiguiente dispendio de dinero en carísimos vuelos. El segundo de ellos sirvió para devolver a nuestras perras a España con el fin de hacerles una revisión, oxigenarlas y casi premiarlas por haber soportado un año y pico de calor tropical.

El viaje me llevó hasta Lisboa en vuelo de ida y vuelta. He de decir que me encanta Lisboa. El retorno me ha permitido pasar unas horas en la capital lusa, y me siguen emocionando sus callejuelas. El ambiente suave y marítimo invita al paseo, hasta con la lluvia de fondo. La temperatura, quince grados a las seis o siete de la tarde, anima a echarse a la calle, y se ven terrazas salpicadas de comensales y paseantes que descansan o fuman un cigarro.


La crisis también ha hecho mella en este país, y la bonita plaza de Rossio, que en mi primer viaje, en estas mismas fechas allá por 2010, estaba preciosa con sus adornos navideños y una pista de nieve artificial, tenía una decoración más que discreta. 



Plaza del Rossio. Mundo-geo.es

Por lo demás, el paseo dio una tregua al estrés de estos días y me prometí volver con calma para disfrutar de la ciudad y sus alrededores con mi marido, que aún no ha tenido el placer de conocerla. Aprovechar el clima amable, el amplio Tejo, el inmenso mar, la nostálgica luz del atardecer matizada por tanta agua alrededor… subir al Bairro Alto, visitar el Castelo de São Jorge y sus alrededores, salpicados de tiendas tradicionales, seguir las huellas del fado…

Me apunto como deberes una ruta por Lisboa y el Algarve, o mejor aún, una ruta abajo-arriba en plan casi mochilero para saborear Portugal, que no estamos para dispendios. Es una lástima que vivamos tan de espaldas a nuestro vecino, cuya naturaleza y gastronomía son más que atractivas, y gastemos ingentes cantidades de dinero en viajar más lejos, pero no a mejores sitios. Tanto España como Portugal ofrecen hermosas rutas de interior y marítimas, con playas cristalinas y paisajes maravillosos. 

El final de esta reflexión, y del viaje, fue el retorno a Bissau. Los días son ya frescos (casi fríos para estas latitudes) y comienza la mejor época en este país: temperaturas suaves y menos insectos. Incluso ha vuelto a abrir el Bistró. Es como volver a casa.