jueves, 22 de marzo de 2012

La ayuda

Supongo que es conocido que muchas organizaciones no gubernamentales y muchos organismos internacionales han extendido sus ayudas a este país en que habito. Algunas de ellas lo hacen de manera constante, sus cooperantes viven aquí y desarrollan proyectos, en principio, de desarrollo local, cuyo fin es conseguir comunidades autosuficientes. Otras llevan a cabo labores más asistenciales, no por ello menos importantes, como mejorar la educación, asistencia a presos, derechos humanos, ayuda a mujeres y niños o traslado de enfermos a Europa para recibir tratamientos u operaciones necesarias; éstos, en su mayor parte, son menores.

Luego hay una serie de organizaciones cuya labor es venir, puntualmente, a realizar operaciones, tratamientos y reconocimientos médicos a los enfermos guineenses. Los pacientes suelen ser mujeres y las especialidades médicas ginecología y anestesia. ¿Por qué mujeres? porque la mayor causa de mortandad o incapacidad de las féminas es el embarazo y/o el parto. Complicaciones, hemorragias, fístulas, incluso intentos frustrados de aborto… sin asistencia médica adecuada, a las que se añaden últimamente los tumores de mama y el cáncer de cuello de útero. No hablo del SIDA, sus complicaciones y otras enfermedades de transmisión sexual porque son obvias y afectan no sólo a las mujeres, sino a la población en general.

Y, por supuesto, de la madre al hijo. Tanto en las complicaciones de embarazo y parto como en la transmisión de enfermedades. Es una labor bonita, pero dura. Los cooperantes en estos casos se enfrentan con grandes problemas: las trabas estatales con sus propias condiciones, la poca disposición de los especialistas (médicos, enfermeros, anestesistas…) locales, que (en cierto modo es lógico) no admiten que un blanco (o blanca, casi más) venga a decirle en dos semanas que lo hace todo mal y tiene que trabajar más y aprender mucho, y finalmente luchan contra los miedos, prejuicios y tabúes de la cultura ancestral. Casi nada.

Pero, en fin, aquí están. Estas semanas toca Mujer y Madre. Llegan cada día muertos y hastiados; muertos por el cansancio, hastiados de la apatía. En dos semanas no se le coge el pulso al país ni llega uno a ganarse el respeto de los colegas. Menos si eres mujer. Pero siguen viniendo, buscando lugares que se adapten y se ofrezcan a trabajar más y mejor. Lo deseable sería que más adelante, los médicos locales tomaran el relevo y mejorara el sistema sanitario. Pero para eso faltan dos cosas: intención e inversión. Y aquí la mayoría de los que pueden hacer algo sólo piensan en el poder.

Los médicos, que en su mayoría ya han trabajado en otros países africanos, se asombran del poco interés de los trabajadores locales por aprender. La mayoría está deseando acabar y se enojan si se opera más de la cuenta, no hacen las camas, si están hablando por teléfono no trasladan a las pacientes de la mesa de operaciones a las camillas… es un largo periplo de problemas que, afortunadamente, a medida que pasan los días se van diluyendo. Supongo que básicamente es una cuestión de falta de costumbre y poca valoración del esfuerzo.

El otro gran pero de su trabajo es que los hombres deberían acudir a los hospitales después de que a su/sus pareja/s les diagnostiquen una enfermedad de transmisión sexual. Para curarse ellos y para avisar a las otras mujeres si las tienen. La promiscuidad en algunos casos dificulta la erradicación de los problemas. Y el orgullo del varón que por vergüenza no se trata. Incluso prefiere morir de sífilis que decírselo a sus parejas; con lo que la rueda gira y gira.

Yo, que tengo el enfoque del docente, creo que la base del problema es la ignorancia. La falta de educación. Pero mientras nada cambie, la labor de esta (como otras) organización es un cortafuego que alarga la vida y la calidad de vida de muchas mujeres y muchos no natos. Se me ocurre que sería una maravilla que, en algún centro que conozco, hicieran el último año de MIR especialistas en ginecología y anestesia. No sería muy caro (uno de cada, un año entero), y suplirían una carencia enorme, por lo menos hasta que los estudios lleguen y el país genere sus propios doctores. Se admiten propuestas.

martes, 20 de marzo de 2012

Internet

Esta es la temporada más larga que llevamos sin visitar España. Cuando vayamos habrán pasado tres meses sin pisar la tierra patria. A veces parece un siglo, y a veces no te das cuenta de que ha pasado el tiempo; la cadencia de la vida lo rige todo. Durante un tiempo, también, mientras preparaban la terraza para las lluvias y luego arreglaban la antena y luego quiso funcionar la conexión satélite –casi un mes- tampoco hemos visto la televisión española.

No hay mal que por bien no venga. A falta de TVE he oído más tele en portugués y kriol (o criollo o creole o crioulo o como sea) de la que jamás pensé escuchar. Así rompí el hielo y así entiendo algo más de ambas lenguas. Vi los carnavales cómodamente desde casita, veo pelis de dibujos animados (me pirran: Srek, Nemo…) y además estoy al día.

Lo malo es que tanto la TGB -la tv de aquí- como la TVA -de Angola, con la que conectan cuando no tienen programación-o la RTPA -canal internacional portugués para África- ponen una infinidad de telenovelas (no hablemos de los canales árabes) y cientos de sesiones de música tradicional (ya se sabe, lo poco gusta…) A veces, en un ataque de locura, pongo un canal alemán internacional que habla en inglés. Está bien para hacer el oído, ahora sólo tengo que entender lo que dicen. No le veo mucho futuro, pero…

Por eso es grato tener Internet. En ocasiones me sumerjo y paso horas (sí sí, horas) mirando el mundo español desde la web. No el mundo internacional, no. El español. Y por eso me gusta abrir el correo y ver mil mensajes (la mitad actualizaciones de facebook, claro, y otro tanto -casi- de propaganda) que me conectan con casa. Yo, que por teléfono soy bastante escuetita (vale, no me gusta nada hablar por teléfono), sin embargo en Hotmail en algunos momentos soy un torrente de palabras. No es que lo necesite o me enganche; no radio mi vida en actualizaciones en las redes sociales, pero ahora esporádicamente participo en alguna conversación y hasta hago comentarios como “un día y para casa” o “ya llega el calor” y tal. Vamos, a escritora no llegaré, pero desde aquí mando un agradecimiento sentido a los creadores de tal ingenio que me permite mantener el hilo que me une con la vida que dejamos allende los mares.

domingo, 18 de marzo de 2012

Elecciones


Ayer estuvimos en jornada de reflexión; hoy tenemos elecciones presidenciales anticipadas no exentas de polémica. Polémica por la presentación del antiguo Primer Ministro como candidato de manera algo extraña, incluso polémica su elección como representante del partido, tanto que otros dos candidatos son de su mismo grupo (PAIGC); polémica por la vuelta de un aspirante y ex-presidente que lleva viviendo fuera muchos años, por la renuncia de algún otro por supuestas anomalías en el proceso, por el temor a una acción del ejército, por las rumoreadas reuniones secretas entre personajes relevantes y altos mandos militares, por el elevado número de jóvenes que no podrán ejercer su derecho democrático…

Es la eterna marejada de fondo. De cara a la convivencia, las elecciones son un motivo de fiesta. Grandes camiones que portan enormes altavoces, banderas y militantes entusiasmados recorren las calles con consignas y música. A su paso, la gente saluda y baila, y sale de los trabajos a danzar un poco al son de un partido u otro. La Praza dos Hérois Nacionais estaba repleta de sombrillas y sillas de plástico preparadas para recibir y alimentar a los guineenses que permanecieron, desde hace días, en las sedes de los principales partidos (la del partido en el poder está en la misma plaza) haciendo guardia día y noche. La gente se junta en los bares, comenta, mira, se deja ver… Crecen los puestos de venta de comida, bebidas, regalitos…

La cruz de la fiesta: la preocupación de las instituciones internacionales, el despliegue de observadores para intentar evitar corrupciones o pucherazos (al menos pucherazos escandalosos), la prohibición de circular mañana domingo con el coche en toda la ciudad, la obligación de que la vigilancia la lleven a cabo militares y policías juntos (el ejército dijo que sólo ellos podrían llevar armas y supervisar la seguridad, algo peligroso dado que su posición no es imparcial), saber si todos asumirán pacíficamente el resultado de las urnas…

No puede decirse que haya miedo. Preocupación y mucha prudencia sí. Ayer, la ciudad por la noche estaba desierta: dos o tres personas en los pocos lugares de copas abiertos, multitud de sitios cerrados, ningún coche –casi- circulando. Se siguieron a rajatabla las recomendaciones de embajadas e instituciones.

Si analizamos la trayectoria del país, incluso si estallase un conflicto, Dios no lo quiera, quedaría circunscrito a dos o tres personas, a, como dicen ellos, algo que es sólo de políticos y militares: “no nos afecta”. Lo que se decide, en realidad, no es quién presidirá Guinea Bissau los próximos años, sino qué futuro le espera al país: si se progresa, si se retrocede, si entra en el entorno de países con gobierno religioso (musulmán), si se mira a Europa, a África o sólo al Islam, si las instituciones internacionales se quedan o lo dan por perdido todo…

Aquí, como en todas partes, el voto no es, en gran parte, razonado. Uno vota al que es de su etnia o de su partido. Si soy ex combatiente, votaré a un igual; si soy musulmán, a un hombre de mi religión, si busco poder, al partido que gobierna. Y, en general, como en España, votan a quien creen que les va a dar trabajo o dinero por razones familiares, étnicas o de amistad. Y si no me gusta lo que deciden las urnas, pues digo que es todo ilegal. Yo, incorregible optimista (creo en la gente, no puedo evitarlo), deseo que gane un candidato que no sea pernicioso para el país y que permita que nos quedemos, al menos, como estamos. Sin ir hacia atrás en nada. Alguien que sepa respetar y dialogar. Ojalá haya suerte, gane alguien así (o si no es así, reconduzca su comportamiento por buen asesoramiento) y todo el mundo acate el resultado. El país se lo merece.

martes, 13 de marzo de 2012

El miedo a lo extraño (loa a mis perras)

Parece un poco banal hablar de perros, pero como todo aquí es extraño y asombroso, pues los canes no iban a ser menos. Los del terruño son muy bonitos, se reparten en dos razas: el basenji y el africanis (sí, sí, no es broma), aunque por la calle la mayoría son mixturas, como en todo el mundo. Los guineenses están muy acostumbrados a ellos, aunque no pueda decirse que tengan, en su mayor parte, relación con ellos excepto para hacer guarda o esquivarlos. En general, son perros silenciosos y desconfiados con los humanos, pero divertidos y juguetones con los de su especie.

El caso es que ambos animales, como corresponde a un país caluroso donde los haya, tienen el pelo corto, y el color predominante en ambos es el marrón claro con manchas blancas. Y hete aquí que aparecemos nosotros con dos “melenas” y negras, que tiene gracia. Desde el primer día se manifestó el miedo proverbial que los africanos tienen a los hermanos del lobo: como “no hay” vacunas (o no hay pa vacunar) es frecuente que mueran niños y adultos por la rabia, así que los temen por supervivencia. Eso es una garantía, porque si  hay gente trabajando en casa tengo que vigilarlas o encerrarlas, ya que si alguien las ve en un pasillo o una puerta, se queda inmóvil o se va, y así la labor no avanza, claro!

Además, el miedo a lo extraño. Parecerá mentira, pero les cuesta trabajo creer que sean perros. Aquí los llaman cachorros (katchur), pero a nuestras mascotas las confunden con cualquier cosa. A Dama, por ejemplo, una preciosa (¡!) cruce de belga negro-marrón (según el sol que le dé) de 19 kilos la confunden con un lobo, y los niños gritan lobu, lobu, aterrados mientras se separan de nosotros todo lo que pueden y se acercan unos a otros esperando que el grupo los salve del peligro. Bueno, es oscura, de tamaño mediano y tal, admito lobo como animal de compañía.

Más gracia tiene lo de Greta, que es una schnauzer miniatura gris y blanca (sal y pimienta, dicen los entendidos) de tan sólo 9 kilos. Ésa sí que provoca pavor. Las reacciones, a las que ella es totalmente ajena, porque la gente que no es de casa no le interesa lo más mínimo, se reparten entre el miedo más desgarrador y el asombro-admiración. Cuando la miran, tan chiquitita ella, hasta se arriman a Dama con tal de esquivarla. Ursu, dicen, suma ursu: es como un oso -¿habrán visto un oso en su vida?-. A veces, mi marido se muere de risa y dice que sí, con la consiguiente alarma; otras, más piadosos, les explicamos que es un perro; como un oso, sí, pero perro. Claro, no vamos a explicarles lo que es un oso, no dominamos tanto el idioma. Ella, para hacer honor a la sorpresa, en cuanto ve un perro, un gorrino, una cabra, una gallina, un sapo, un plástico o algo raro (vamos, cualquier cosa), se tensa y gruñe como una fiera. Éxito seguro y miedo sembrado.

Perras asesinas en actitud amenazante

Así que, día sí, día también, alguien abre unos desorbitados ojos mientras observa los extraños animales que nos acompañan (si fueran cerdos o cabras, pues sería normal). Katchur? preguntan apuntando -por si acaso- desde lejos con un palo largo. No, ursu, decimos sonriendo. Y después se alejan diciendo incrédulos a sus acompañantes: katchur bonito. Bonito bonito. Y nosotros las miramos, orgullosos y divertidos.

sábado, 10 de marzo de 2012

Más zafarrancho

La construcción de casas en Bissau, principalmente de casas grandes de estilo moderno, no tradicional, suele adolecer de muchos problemas. No tanto la construcción como la habitabilidad posterior. Dada la precaria situación del país, la calidad de los materiales y la formación de los profesionales no son, en ocasiones, las mejores y eso se refleja principalmente en viviendas construidas después de la última guerra. Las que veo hacer ahora ya tienen mejor aspecto. Nuestra casa es del período malo, así que hemos tenido que realizar obras de manera casi constante.

Nos pasó con la primera inundación, recién limpia la casa, y nos ha vuelto a pasar. El arreglo del canalizador-fontanero que perforó el suelo del baño principal, que se cargó el techo de la cocina y que juró que todo estaba arreglado ha vuelto a astragarse. Por no decir otra cosa. Emocionada y feliz ante la experiencia de hacer la comida del día, y según comenzaba a picar finamente los ingredientes… una lluvia igualmente fina comenzó a refrescarme piadosamente la cabeza para que no me asfixiara con el trabajo. Miré hacia el techo y allí estaba, otra vez, la gotera. Además, se reventaron el grifo de una bañera y dos latiguillos de sendas cisternas. En esta ocasión he cogido yo las herramientas y me he puesto manos a la obra, porque se va el dinero en reformas que es un gusto.
  
Por otro lado, las reparaciones previas a la época de lluvia han instalado a cinco aguerridos jóvenes (alguno no tanto) en las terrazas para hacer una pendiente adecuada y que puedan desaguar hacia la calle y no hacia la pared. Esta observación en una lluvia española media no sería muy relevante, pero aquí en plenas aguas torrenciales se vuelve reveladora. Y mohosa en el dormitorio principal.

Así que parte de nuestra obligación diaria es reformar y mejorar la vivienda, y aquí estoy, cuatro meses después, otra vez con golpes, polvo, agua, cemento…encerrada en el salón y con tantos feligreses que voy a fundar una comunidad: la del cemento del último día. La diferencia es que, esta vez, tengo sofá. Así que en lugar de montar muebles y sentarme en una silla a descansar, cuando me canso de ser fontanera me tiro en el sofá y hago de señora. Esa sería otra historia, la alabanza del sofá...

viernes, 9 de marzo de 2012

SIGLAS

Dice mi marido (empiezo como una cotilla cualquiera) que en el periodismo de Bissau se siguen las pautas de Portugal, lo que es absolutamente lógico, ya que fueron colonia suya. Lo asombroso es que ese país está al lado del mío y nunca vi tal diferencia en la forma de redactar una noticia. La primera vez que leí un artículo periodístico, en realidad el primer día que leí varios artículos en diferentes diarios, no entendí absolutamente nada. Oye, pero nada de nada.

¿La razón? pues que eran noticias políticas, yo no conocía a los políticos y, lo que es peor, todas estaban repletas de sucesiones de siglas, algunas de ellas larguísimas, que cubrían la parte más significativa de la información. Por ejemplo, titular:  PR afirma que la UA apoya al CNT; cuerpo: PM -nombre ignoto- afirmó que la UA apoya al CNT en su actitud ante Muhammad el Gadafi, según afirmaciones hechas ayer por PR -otro ignoto más-… Bien, si no sé qué es PR (Presidente), ni PM (Primer Ministro), ni UA (Unión Africana) ni CNT (Consejo Nacional de Transición Libio), pues no me entero de nada. Conclusión, tuve que pedir durante un tiempo a mi santo que me tradujera la noticias; no por el portugués, sino por las siglas.

Entiendo que es un estilo muy anglosajón, y entiendo que ahorra papel y espacio. Y supongo que todo el mundo en el país, al menos el que sabe leer, comprende perfectamente lo que se explica (oh, inferencias mías). Pero si uno es extranjero y acaba de aterrizar, y es un ser normal y corriente, está absolutamente perdido. Y desinformado. Porque hay siglas para los cargos políticos y militares, para los partidos (anda, que PAIGC), para las organizaciones internacionales (no ONU  ni UE, sino PNUD, ACNUDH…), para las ONG’s… perdón, paras las Organizaciones no gubernamentales, para proyectos, para eventos (EPA 2012-Elecciones Presidenciales Anticipadas, toma ya!)… cielos, hay miles y sólo sé que no sé ninguna. Si me sacan de UNICEF, FAO, UNESCO, OMS SIDA (¿o AIDS?) y poco más, soy analfabeta perdida. Tanto ir a la universidad.

Las siglas son, evidentemente, un proceso de economía lingüística muy común y eficaz en muchas ocasiones, pero su uso excesivo, incluso el abuso de ellas, dificulta claramente la compresión. Aquí, como en medio mundo, levantan pasiones. Al menos para el que las entienda. Al resto que le den (inferencias, digo).

miércoles, 7 de marzo de 2012

Netos de Bandim

El viernes de la semana pasada acudimos al Centro Cultural Brasileño para ver la actuación de una agrupación cultural de Bissau, “Netos de Bandim”, una asociación cuyo fin es promover, a través de la música y de la danza, la educación de los niños y de las madres, evitando el analfabetismo y procurando una mejor incorporación a la sociedad de los jóvenes. La actuación tenía la finalidad de recaudar fondos para construir una escuela de música y danza que sirva de referencia en la ciudad.

La idea no es nueva, sigue los pasos de algunas favelas brasileñas, pero no por ello deja de ser bonita. Los niños y jóvenes (chicos y chicas) ejecutaron las piezas con brillantez, y ver bailar a algunas pequeñas de tan sólo siete u ocho años, o admirar las piruetas y saltos increíbles de algunos varones fue verdaderamente asombroso; por no hablar de los percusionistas, que permanecieron durante dos horas tocando sin signos vivibles de fatiga, incluso durante los discursos y entrega de reconocimientos a personalidades (que hubo en gran número, dado que les gusta mucho todo ese protocolo), atreviéndose en ocasiones a incrementar el ímpetu de sus interpretaciones hasta inundar cuerpos y almas con su música.

 
Aún fueron más interesantes los atuendos que llevaban, y que representaban a las principales etnias en sus ropajes, pinturas y danzas. Es curioso cómo gusta la sociedad guineense de la gesticulación extraña: los muchachos retorcían sus caras y realizaban movimientos extraños, como animales, girándose los labios o contorsionándose, y eran muy celebrados por el público. Fuimos testigos privilegiados, máxime cuando el desarrollo mal entendido lo primero que hace es avergonzarse de sus orígenes y tradiciones. Espero que eso no ocurra en Bissau, ya que forma parte de una cultura que aún desconozco.

Su energía (la de todos) no tenía fin y el espectáculo se hizo ameno e interesante, lleno de simbología y buenos deseos. Al menos, el evento confirmó que se está realizando una gran labor en la formación de los "Netos" y la preservación de las tradiciones. Cuando salimos, la mayoría de los asistentes nos moríamos de ganas de bailar y movernos. ¡Menos mal que los blancos no lo hicimos, con lo patosos que resultamos ya en condiciones normales! Fue una de esas actuaciones que mereció, y mucho, la pena ver.